
Guijasalbas, la agonía de un caserío centenario
En un paraje de belleza singular, las ruinas del caserío de Guijasalbas, dependiente de Valdeprados y de propiedad privada, fueron el resultado de la existencia de una pequeña aldea medieval, que allá por el siglo XIII se llamaba Elglesias Alvas. Suponemos que una o varias iglesias en piedra clara iluminarían este lugar que hemos intuido en innumerables ocasiones en una amplia curva a la derecha de la carretera que, desde Segovia, lleva a Ávila, justo en el puente sobre el río Moros.
El caserío tomó su nombre actual entrado el siglo XVI y, de aldea pasó a convertirse en propiedad de la poderosa familia segoviana Arias Dávila, con la mediación del propio rey Enrique IV. En la actualidad sigue siendo privado, en este caso del Condado de Velarde.
Lo que en tiempos fue una hacienda próspera, agrícola y ganadera, ahora no es más que un triste espectáculo ruinoso que depende de la pequeña localidad de Valdeprados.
ℹ️ Guijasalbas llegó a tener los servicios de una población al uso: contaba con su casona solariega, viviendas para los renteros, un río, tierras de labranza, ganado, molino, cementerio, escuela, bar y... por supuesto un templo, San Martín, una sencilla construcción de poca altura que reunía varias dependencias adosadas, entre ellas las viviendas del sacerdote y del maestro de turno y que se animaba cada once de Noviembre para festejar a su titular y patrón.
Hace ya décadas que el caserío perdió todo de lo que había disfrutado durante años; fue exactamente en la década de 1950 cuando el entonces Conde decidió rescindir el contrato a los renteros y contratar trabajadores externos. Había comenzado la cuenta atrás hacia la ruina más absoluta.
La pequeña iglesia de San Martín declina, como el resto de su entorno, con un futuro más que incierto. Aún conserva, esculpido en piedra, la mención de 1725, como año de su posible construcción y mantiene parte de su cubierta; sus tejas, sin embargo, parece que fueron retiradas por el Obispado de Segovia, posiblemente para destinarlas a otras prioridades. No parece haber futuro, por el momento, a menos que la venta del caserío se hiciera efectiva y se dispusiera de fondos para su reflotamiento. De acuerdo con información publicada por Segovia al día, los propietarios, descendientes del Conde de Velarde, ante la situación en que se encontraba el templo, solicitaron permiso del Obispado para su arreglo, algo que fue denegado.